¿Puede la microbiota intestinal influir en el autismo?

 

Durante los últimos años, la relación entre el intestino y el cerebro ha despertado un enorme interés entre científicos, profesionales de la salud y familias de personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Cada vez aparecen más investigaciones que exploran cómo las bacterias intestinales que habitan nuestro sistema digestivo —conocidos como microbiota intestinal— podrían estar relacionados con aspectos del desarrollo neurológico, el comportamiento y la salud emocional.

Pero ¿qué sabemos realmente hasta ahora? ¿Puede la microbiota causar autismo? ¿Existen tratamientos basados en bacterias intestinales? ¿O estamos ante una línea de investigación prometedora que todavía necesita más evidencia?

 

El universo invisible que vive en nuestro intestino

Nuestro intestino alberga billones de microorganismos, principalmente bacterias, que forman un ecosistema complejo conocido como microbiota intestinal. Lejos de ser simples pasajeros, estos microorganismos participan en funciones esenciales para la salud, como la digestión, la regulación del sistema inmunitario y la producción de sustancias que influyen en el funcionamiento cerebral.

En las últimas dos décadas, los investigadores han descubierto que existe una comunicación constante entre el intestino y el cerebro, denominada eje microbiota-intestino-cerebro. A través de este sistema de comunicación, las bacterias intestinales pueden influir en procesos relacionados con las emociones, el estrés, el aprendizaje y la conducta.

 

¿Por qué se estudia la microbiota en el autismo?

Uno de los motivos principales es que muchas personas con TEA presentan también problemas gastrointestinales. El estreñimiento, la diarrea, el dolor abdominal o la sensibilidad digestiva son significativamente más frecuentes en esta población que en la población general.

Esta observación llevó a los científicos a preguntarse si las alteraciones intestinales y los síntomas del autismo podrían estar conectados de alguna manera.

A partir de esta hipótesis, numerosos estudios comenzaron a analizar la composición de la microbiota intestinal en niños y adultos con TEA. Los resultados muestran que, en muchos casos, existen diferencias respecto a personas sin autismo, aunque no siempre aparecen los mismos patrones en todas las investigaciones.

 

Lo que muestran los estudios recientes

Las revisiones científicas publicadas en los últimos años coinciden en que muchas personas con TEA presentan una microbiota intestinal diferente de la observada en individuos neurotípicos.

Sin embargo, la situación es más compleja de lo que parece. No existe una única «microbiota del autismo» ni una combinación específica de bacterias que permita identificar de forma fiable a todas las personas dentro del espectro.

Los investigadores han encontrado variaciones en la diversidad bacteriana y en la abundancia de determinados microorganismos, pero los resultados suelen diferir entre estudios. Esto puede deberse a factores como:

  • La edad de los participantes. 
  • La alimentación. 
  • El uso previo de antibióticos. 
  • La presencia de problemas gastrointestinales. 
  • Las diferencias geográficas y culturales. 

Por ello, aunque las alteraciones de la microbiota son un hallazgo frecuente, todavía no existe consenso sobre cuáles son los cambios más característicos del TEA.

 

¿Cómo podría influir el intestino en el cerebro?

La microbiota produce numerosas sustancias químicas capaces de interactuar con nuestro organismo. Algunas bacterias generan compuestos que participan en la síntesis de neurotransmisores como la serotonina o el ácido gamma-aminobutírico (GABA), relacionados con la regulación emocional y la comunicación neuronal.

Además, los microorganismos intestinales pueden influir en:

  • La inflamación del organismo. 
  • El funcionamiento del sistema inmunitario. 
  • La permeabilidad intestinal. 
  • La producción de metabolitos que llegan al cerebro. 

Algunos estudios recientes sugieren que determinadas alteraciones metabólicas observadas en personas con TEA podrían estar relacionadas con cambios en la microbiota. Sin embargo, los mecanismos exactos aún están siendo investigados.

 

La gran pregunta: ¿la microbiota causa el autismo?

La respuesta corta es no. Al menos, la evidencia científica actual no permite afirmar que la microbiota intestinal cause el autismo.

Lo que sí sabemos es que existe una asociación entre ambas variables. Es decir, muchas personas con TEA presentan diferencias en su microbiota, pero esto no demuestra una relación de causa y efecto.

De hecho, algunos expertos plantean que estas alteraciones podrían ser una consecuencia indirecta de otros factores asociados al autismo. Por ejemplo, muchos niños con TEA presentan patrones alimentarios selectivos o restringidos, lo que puede modificar significativamente la composición de la microbiota intestinal.

En otras palabras, todavía no está claro si los cambios en las bacterias intestinales contribuyen al desarrollo de ciertos síntomas o si son el resultado de características propias del trastorno.

 

¿Pueden los probióticos ayudar?

El creciente interés por la microbiota ha impulsado el desarrollo de diversas intervenciones dirigidas a modificarla, entre ellas:

  • Probióticos. 
  • Prebióticos. 
  • Cambios dietéticos. 
  • Trasplante de microbiota fecal. 

Algunos estudios han encontrado mejoras en síntomas gastrointestinales y, en ciertos casos, pequeños cambios en aspectos conductuales o emocionales. Sin embargo, los resultados son variables y todavía insuficientes para recomendar estas estrategias como tratamientos estándar para el TEA.

Los expertos coinciden en que se necesitan investigaciones más amplias y rigurosas antes de extraer conclusiones definitivas.

 

Un campo prometedor, pero aún en construcción

La relación entre microbiota intestinal y autismo representa una de las áreas más fascinantes de la neurociencia actual. Los avances tecnológicos permiten analizar con cada vez mayor precisión las comunidades microbianas y comprender mejor cómo interactúan con el cerebro.

Algunos investigadores incluso exploran la posibilidad de desarrollar biomarcadores basados en la microbiota que ayuden a comprender mejor las diferentes manifestaciones del TEA o a personalizar futuras intervenciones.

No obstante, es importante mantener una mirada crítica. Aunque los hallazgos son prometedores, todavía estamos lejos de considerar la microbiota como una explicación única del autismo o como una vía terapéutica plenamente validada.

 

Conclusión

La ciencia ha demostrado que existe una estrecha relación entre el intestino y el cerebro, y cada vez hay más evidencia de que la microbiota intestinal desempeña un papel relevante en el bienestar físico y mental. En el caso del autismo, numerosos estudios han identificado diferencias en la composición de la microbiota y han abierto nuevas preguntas sobre cómo estas podrían influir en el desarrollo y el comportamiento.

Sin embargo, las investigaciones actuales no permiten afirmar que la microbiota sea una causa del TEA ni que modificarla constituya una cura o tratamiento definitivo. Lo que sí muestran es que comprender mejor este ecosistema invisible podría aportar nuevas herramientas para mejorar la calidad de vida y la salud integral de muchas personas dentro del espectro.

La historia de la microbiota y el autismo aún se está escribiendo, pero todo indica que será uno de los capítulos más interesantes de la investigación en salud mental y neurodesarrollo durante los próximos años.

 

Araceli Palma.

Colaboradora de Psique Positiva.

Responsable del área de neuropsicología y neurodivergencias.

 

 

Referencias

Tao, X. (et al.). (2025). Perturbations in gut microbiota in autism spectrum disorder: A systematic review. Frontiers in Neuroscience, 19, 1448478. https://doi.org/10.3389/fnins.2025.1448478

Korteniemi, J. (et al.). (2024). Systematic review: Autism spectrum disorder and the gut microbiota. Focus on Autism and Other Developmental Disabilities. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38680985/

Sun, W. (et al.). (2025). Efficacy of gut microbiota-based therapy for autism spectrum disorder: A systematic review and meta-analysis. Journal of Autism and Developmental Disorders. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41037658/

Su, Q. (et al.). (2024). Multikingdom and functional gut microbiota markers for autism spectrum disorder. Nature Microbiology. https://doi.org/10.1038/s41564-024-01739-1

Campanale, A. (et al.). (2025). The endocannabinoidome–gut microbiome–brain axis as a novel therapeutic target for autism spectrum disorder. Gut Pathogens, 17, 45. https://doi.org/10.1186/s12929-025-01145-7

Tu, T., & Zhao, C. (2021). Treating autism spectrum disorder by intervening with gut microbiota. Journal of Medical Microbiology, 70(12), 001469. https://doi.org/10.1099/jmm.0.001469

Cryan, J. F. (et al.). (2019). The microbiota-gut-brain axis. Physiological Reviews, 99(4), 1877–2013. https://doi.org/10.1152/physrev.00018.2018

Hsiao, E. Y. (et al.). (2013). Microbiota modulate behavioral and physiological abnormalities associated with neurodevelopmental disorders. Cell, 155(7), 1451–1463. https://doi.org/10.1016/j.cell.2013.11.024

Recent Posts
0