¿CUÁNDO RECURRIR A UNA TERAPIA DE PAREJA?

Hace ya unos cuantos años conocí a mi pareja. Nos enamoramos. Todo era maravilloso. Cuando me miraba, cuando me tocaba, cuando me hablaba… Todo me encantaba y no podía parar de sonreír. Nos lo pasábamos genial, compartimos mil momentos y fabricamos multitud de recuerdos. Estábamos enamorados y habíamos iniciado una relación de pareja.

 Avanza el tiempo. Cada vez más estábamos más comprometidos: nos fuimos a vivir juntos, adoptamos a un perro, decidimos casarnos, nos hipotecamos, tuvimos hijos… Y todo fue cambiando. Veía a mi pareja diferente, y algunos aspectos que antes adoraba ahora me ponen nerviosa. Tengo otras necesidades, y valoro otro tipo de cosas. ¡Y es que la situación es tan distinta! Tenemos incontables responsabilidades, falta de tiempo, estrés, cansancio y han surgido otros problemas. La realidad ya no es la que era, y siento que no nos adaptamos a nuestra nueva situación. Nos enfadamos, discutimos y ya prácticamente no compartimos momentos positivos, y los que compartimos no se pueden considerar momentos de calidad. Me doy cuenta de que ya no nos comunicamos, solo nos informamos: “mañana hay que llevar a los niños al entrenamiento”, “hoy la profe me ha dicho…”, “se me ha pinchado una rueda, así que la semana que viene tengo que llevar el coche al taller”, “cuando vayas a comprar acuérdate de comprar leche…” 

De repente me doy cuenta de que las mariposas en el estómago hace muchos años que desaparecieron. Me doy cuenta de que no soy feliz. Intentamos solucionar los problemas, intentamos llegar a acuerdos para que las cosas mejoren. Pero nada. Todo sigue igual o peor. Llega un momento en el que me planteo incluso dejar la relación ya que no encontramos una solución a nuestros problemas. Pierdo la esperanza, y mi pareja también. Duele, duele mucho. Terminar con algo que ha significado tanto. Y me da miedo planteármelo, me asusta el cambio, no quiero sufrir más ni que los de mi alrededor lo hagan.

 

Pero un día nos planteamos otra alternativa, que no nos habíamos planteado hasta ahora: ir a terapia de pareja. No tenemos ni idea de en qué consiste eso, pero allá que vamos. La cuestión es agotar todas las vías posibles para poder solucionar esta situación. 

Un día por fin acudimos y un profesional nos escucha con atención, y va analizando qué aspectos fallan en nuestra relación. Nos explica aquellos factores que todavía funcionan, pero también aquellos que no. Nos damos cuenta de dónde hemos llegado y del por qué. Y a partir de ahí empezamos a aprender, a aprender de nosotros mismos, a mirar el camino recorrido y esas cosas que nos han ido bien, pero también lo que no nos ha funcionado.

Nos enseña herramientas, estrategias y técnicas para abordar todo eso que tanto daño nos está haciendo. Nos implicamos, nos esforzamos y vamos sintiéndonos mejor. 

Evidentemente la relación no es la misma, porque nosotros tampoco somos los mismos, pero funciona. Hemos aprendido a hacer que funcione, recuperando aspectos que habíamos perdido por el camino, y dejando otros que nos estaban haciendo daño.

Para eso sirve una terapia de pareja. Y es que mantener una relación de pareja a largo plazo es algo muy complicado y es normal que surjan problemas, pero la terapia de pareja nos sirve para abordarlos y resolverlos, para seguir juntos de forma positiva, e incluso crecer como pareja. 

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